La amenaza no son los videojuegos
Como bien sabemos algunas personas se convierten en adictas y otras no. Otras ni siquiera tienen ningún interés en jugar una partida o no ha cogido un mando de consola en su vida.
Por tanto, la culpa no es enteramente de los videojuegos. La gran pregunta es ¿cuál es la verdadera causa de que algunas personas se enganchen y otras no?. La respuesta no es sencilla, pero, sin duda, tiene que ver con la propia personalidad (si se es dependiente, más facilidad para caer en una adicción) y con el ambiente social que rodea a una persona (problemas familiares, sociales, en la escuela, en el trabajo o con la pareja) pueden hacer que una persona se entregue por completo a los videojuegos.
Los psicólogos creen que el problema aparece cuando existe un nivel de exigencia extremado. Cuando no se superan las expectativas que crean los padres (o, a veces, la propia sociedad), los niños y adolescentes sienten un fracaso total que les lleva a renunciar a todo. Es algo así como o todo o nada.
Esto no debe confundirse con una educación que no obligue al niño a obedecer normas. Todo lo contrario. Para evitar que una persona se convierta en un adicto a los videojuegos no hay que prohibirle jugar, sino educarle. En general, un niño debe cumplir los horarios y las obligaciones. Y, una vez hecho esto, disfrutar de su consola o de su ordenador, pero siempre después. Si el caso lo requiere, y no se sabe como actuar ante tal, se debe de buscar ayuda profesional.
Infoxicación: La dependencia a el uso de sistemas tecnológicos.
Se podría hablar de dependencia a la tecnología o a los dispositivos, al uso de consolas, teléfonos móviles, ordenadores y tabletas para jugar, pero también a la dependencia de comprobar constantemente las redes sociales o estar al tanto de las últimas noticias. Las enfermedades van con los tiempos y en nuestra era de la tecnológica, las enfermedades también son tecnológicas. El problema llega cuando se sigue practicando ese comportamiento aun cuando se sabe que es perjudicial. No se puede controlar.
Clínicas de rehabilitación y efectos de la adicción en pacientes.
La adicción a los videojuegos crece pues es una forma de escapar del mundo. En países como China, Corea del Sur, Reino Unido u Holanda, ya se trata este problema como una patología social y existen centros de rehabilitación para adictos a los videojuegos. Además, se prevé que aumenten los casos. Antes, había generaciones que no sabían ni qué era un videojuego. Ahora, buena parte de la población adulta pasó su niñez jugando en el ordenador y en máquinas recreativas.
La adicción, por tanto, puede afectar a personas de cualquier edad, que son capaces de estar jugando hasta 16 horas seguidas. Si se les priva de su afición favorita (o de su única afición) presentan síntomas de abstinencia similares a los de cualquier drogadicto en recuperación: depresión, ansiedad, náuseas, miedo, irritabilidad e, incluso, comportamiento violento.
Algunos adolescentes han agredido a sus padres cuando éstos les han prohibido jugar. Los juegos que los expertos consideran más adictivos son World of Warcraft, StarCraft y Counter Strike. Los jugadores viven un mundo de seres virtuales con poderes sobrenaturales. Se evaden de la realidad, otra semejanza con las drogas. Con la adicción a los videojuegos, no sólo se producen secuelas psíquicas, sino también físicas. Estar tanto tiempo sentado frente a una pantalla produce irritación de la piel, problemas musculares y de espalda. Son personas que no hacen ejercicio físico, ni, prácticamente, pasean o toman el aire.
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